El ricón de soñar IV: Pesadillas

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Abrazar demonios

Quiero a alguien que cuando diga ‘te odio’ me abrace fuerte
Y cuando que diga ‘olvídame’ conteste que no puede
Que cuando pida espacio me espere contando estrellas
Y cuando me pierda me dé la mano para encontrarnos juntos
Quiero a alguien valiente que sepa abrazar demonios
Tal vez sea querer demasiado, tal vez por eso mis demonios andan sueltos


Churro, mediamanga, manga entera

Inés no llevaba ni 48 horas desaparecida y los carteles empapelaban la ciudad. El miedo y la desconfianza barrían las calles y los padres sobreprotegían a sus hijos.

Supongo que era lo normal, sin embargo, dudaba de que mis padres se hubieran enterado. Bastante tenían ellos con sus viajes de trabajo, reuniones, escapadas de fin de semana, dar órdenes para organizar casa, la piscina y el jardín como para prestar atención a su hija, para eso ya tenían a Erika.

No podía quejarme, tenía todo lo que quería, pero ni la tele, la bici o la casa de muñecas me entretenían y ya me había cansado de matar pájaros y gatos.

Al principio era divertido, estar al acecho, cazarlos, llevarlos a escondidas a la casa del árbol y hacerles todo tipo de fechorías hasta matarlos, pero me había cansado, era demasiado fácil.

El juego que había descubierto ahora era más interesante.

Me acerqué con paso firme a la casa del árbol, abrí la puerta y me colé dentro. En la esquina donde la había dejado, amordazada y atada, estaba Inés.

Era tan pequeña, tan rubia, tan mona… con esas manos gorditas y esos dedos rechonchos… igual eran hasta demasiados pequeños para meterlos en el cortapuros de mi padre. Bueno, ahora mismo lo descubriría.


Obsesión

A veces se pregunta cómo comenzó todo, busca el origen y se recrea en todas las veces que lo ha hecho. Sabe que es su droga, su adicción, su obsesión y también sabe que nunca se detendrá.

La necesidad le llega como un chispazo, le golpea y le deja sin aliento. Esa necesidad se queda ahí, ya no le abandona hasta el final, no piensa en otra cosa, malcome y apenas duerme hasta que por fin se decide y comienza con los preparativos.

Elige a su víctima, la vigila y hace un diario con sus rutinas para encontrar el momento apropiado, la sigue y la acorrala.

Entones llega el éxtasis, ese momento sublime, ese placer que le recorre de arriba abajo erizándole la piel y haciéndole gemir mientras le aprieta el cuello fuerte, con una presión constante hasta que la vida abandona ese cuerpo dejando unos ojos vacíos.


Muerte

A veces me pregunto cómo será la muerte.

Y a veces me respondo que es posible que la muerte seas tú.

Que sea conocerte y no quererte, o quererte y no tenerte o peor,

tenerte y descubrir quién eres.

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