Caperucita roja es uno de mis cuentos favoritos, pero ¿os habéis parado a pensar en el juego que da?

La niña, aunque parezca obediente, tiene de obediente lo que yo te diga, porque si va a llevarle a su abuela los pastelitos de tan buena gana es porque sabe que tiene que atravesar sola el bosque, es decir, tiene delante una aventura y además, sin tener que estar escuchando a su madre; que si recoge tu habitación, que a ver si quitas el polvo, que ahora ve a comprar el pan… ¡poco bien iba a estar Caperucita a su aire por el bosque de aquí para allá!

Y luego… ¿Hace caso a su madre sobre el lobo? ¡Pues claro que no! Si no, no hubiera sido Caperucita Roja, mejor dicho, si no, el abrigo de Caperucita no hubiera sido rojo, hubiera sido rosa o azul o verde, pero no, nuestra chica va de rojo porque es una rebelde, porque cuestiona a su madre y sus prejuicios, porque Caperucita quiere conocer el mundo por sí misma y poder juzgar desde la propia experiencia.

Para rematar ya la jugada, y con esto me descojono de verdad, el lobo va y se disfraza de abuela, seguro que también (como yo ahora) muerto de la risa y pensando “Esto no hay quien se lo crea” y va Caperucita ¿y vosotros creéis que se traga ese cuento? Si conocéis a Caperucita sabéis que no tiene un pelo de tonta, pero sin embargo entra de lleno en el juego del lobo; que si qué ojos más grandes tienes,  qué orejas, qué boca… que más parece que es Caperucita la que se quiere comer al lobo… y quien dice comer, dice “comer”. 😜

Pues ya con esto y todas las lecturas que queramos darle a éste cuento, yo me quedo con éste micro cuento:

Y así es como Caperucita descubrió lo solo que estaba el lobo.

– Nela Escudero –

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